Condado de Orange: remodelación y detección de filtraciones
Que un piso nuevo dure se decide casi siempre debajo de él. Antes de colocar nada revisamos el contrapiso — las tablas sobre las que descansa el piso — buscando zonas blandas, tablas sueltas que crujen y humedad, y verificamos que esté lo bastante plano para el material que eligió. Después colocamos madera, vinil, laminado o cerámica — o lijamos y restauramos la madera que ya tiene.
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La madera sólida normalmente se puede lijar varias veces; lo que importa es cuánta madera queda por encima de la lengüeta, y eso se ve en una rejilla de ventilación del piso o en el borde de una tabla junto a una puerta. Rayones, caminos gastados por el paso, manchas grises y un acabado viejo que se volvió anaranjado son trabajos de restauración. En la madera de ingeniería todo depende del grosor de la capa superior: algunas se pueden lijar una vez y otras ninguna. Reemplazar tiene sentido cuando las tablas están rajadas, ennegrecidas por agua, sueltas sobre un contrapiso blando, o ya lijadas hasta que se ven las cabezas de los clavos.
Un sótano descansa sobre concreto que puede seguir húmedo, así que la madera sólida no va ahí; el vinil o la cerámica sobre la base correcta aguantan mucho mejor. En cocinas, baños y entradas, el agua en el piso es solo cuestión de tiempo: la cerámica y el vinil la toleran, y la madera y casi todo el laminado no. Si un piso se hinchó o se levantó después de una fuga, hay que detener el origen y secar el contrapiso antes de poner el piso nuevo — si no, se paga dos veces.